Traductores para los peloteros: ¿Bueno o malo?

por el 16/03/15 at 8:46 pm

Dice Tony Clark, el jefe del poderoso sindicato de peloteros de las Grandes Ligas, que pronto cada equipo tendrá un traductor para los jugadores cuya lengua madre sea el español.
Para muchos se hace justicia puesto que los asiáticos siempre los han tenido. Se crearán 30 nuevos empleos para intérpretes y cuando un dirigente quiera dirigir un mensaje a uno de estos jugadores que no dominan el inglés hay garantía de que el mensaje llegará más claro.
En la práctica, se acabará con la necesidad de que los equipos y los medios de la Unión Americana tengan que apelar a traductores millonarios. Desde puertorriqueño Jorge Posada haciendo las veces de intérprete para el cubano Orlando “Duque” Hernández en una rueda de prensa 1998 hasta el también boricua Carlos Beltrán jugando el mismo rol con el venezolano Yangervis Solarte en la primavera de 2014, periodistas estadounidenses han tenido que apelar a peloteros para tener contacto con figuras latinas que no manejan la lingua franca del planeta.
Dirigentes como Tony La Russa, Mike Scioscia y Joe Maddon se comunican con fluidez en español. Cuesta encontrar un equipo en el que no haya al menos un coach que no se exprese en castellano.
La irrupción latina de mediados del siglo pasado al Big Show provocó que medios importantes requirieran en el currículo de muchos comunicadores el dominio de la lengua de Cervantes. Lost In Translation B_Garc
Sin embargo, creo que la medida desincentivará a los jugadores latinoamericanos a aprender la lengua de Shakespeare y, con ello, los aislará más del resto que no entiende español. Es tal el nivel de distanciamientos que se produce en algunos equipos que hace dos años Joey Votto, canadiense que se maneja en inglés y francés, contrató un profesor de español con el fin de desarrollar una mejor amistad con sus compañeros latinos de los Rojos de Cincinnati. Evan Longoria, de Tampa Bay, también tomó el mismo camino.
Sobran los casos de jugadores que se han pasado décadas en los Estados Unidos y ni siquiera manejan el lenguaje principal de ese país para protestar llamadas de los árbitros. Adquirir un idioma representa crecer, abrir nuevos caminos y entender mejor la sociedad en la que ese sea el habla vehicular. Y una persona que se expresa en español como primera lengua debe entender que aprender inglés le representa estar en capacidad para comunicarse hasta con 2,500 millones de personas en el planeta.
Aprender una lengua cuesta, pero es una inversión que compensa el sacrificio. Se necesita crear la necesidad. Ya le generó muchas críticas al actor y ex gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, un austríaco que llegó a Estados Unidos sin dominar el inglés, cuando criticaba la que consideraba excesiva exposición de muchos inmigrantes a sus lenguas nativas, lo que demoraba el proceso de integración a la sociedad estadounidense.
En mi caso, estudié inglés desde los 12 años, pero el gran impulso para adquirir una mayor fluidez en esa lengua se produjo cuando en 2004 tuve que entrevistar a Willie Randolph, a sazón dirigente de los Mets de Nueva York, y no me quedó otra opción que apelar a una persona que resumía a su antojo lo que el estratega estadounidense decía.
Los equipos de las Grandes Ligas invierten cuantiosas cifras de dinero desde que firman a un jugador a los 16 años en el proceso de enseñanza del inglés. Sin embargo, un programa que desarrolla la oficina de la MLB en el país para insertar a jugadores despedidos en el ámbito laboral da cuenta que la asignatura que más piden esas figuras es aprender inglés, lo que confirma el escaso interés que ponen cuando están bajo contratos con los equipos.

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